Entonces entré ahí, ese lugar que parecía cosa del pasado, volví a sentir la risa inundando mis recuerdos, tolerando mis sentidos y peinando mi cabello, mis ojos llenos de nada y tan limpios de tiempo y espacio en el lugar que me encontraba, yo saludaba, no tenía que fingir mi sonrisa, pues mi sonrisa era tan real como una lata de refresco dentro de un refrigerador azul que está cruzando la calle enfrente de la universidad.
Estaba tranquilo, calmado, nada podía arruinar ésta nueva alegría de volver a comenzar, pero se abrió la puerta gris y entro una luz que encandilo mis ojos y una sombra que se convirtió en silueta, una silueta conocida, una vieja ilusión, un viejo amor que cautivó y llamó tanto mi atención que deje de sentir mi cuerpo y comencé a flotar en una nube llena de todo menos de agua de fresa, admito que sonreí.
Salí del salón de clases, pues tuve miedo, un miedo que no tengo idea de donde salió, no quería pensar en un sentimiento que yo creí estaba sepultado debajo muy debajo en la tumba del pasado.
Estaba tranquilo, calmado, nada podía arruinar ésta nueva alegría de volver a comenzar, pero se abrió la puerta gris y entro una luz que encandilo mis ojos y una sombra que se convirtió en silueta, una silueta conocida, una vieja ilusión, un viejo amor que cautivó y llamó tanto mi atención que deje de sentir mi cuerpo y comencé a flotar en una nube llena de todo menos de agua de fresa, admito que sonreí.
Salí del salón de clases, pues tuve miedo, un miedo que no tengo idea de donde salió, no quería pensar en un sentimiento que yo creí estaba sepultado debajo muy debajo en la tumba del pasado.
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